El descontento de la población propicia situaciones como la actual, en la que la gente tiene miedo, se ve acorralada, ve cómo sus propiedades y cosas por las que luchó se ven amenazadas y terminan por reaccionar de manera totalmente aleatoria. Unos toman una postura defensiva, otros se lanzan a la defensa activa de sus ideales y otros simplemente se oponen sin demasiada convicción.

Estas reacciones propician sin ningún lugar a dudas un ambiente político y social totalmente caótico. Vemos cómo algunos países se hunden ellos solos en un estado de autocompasión y no saben salir del atolladero, otros reaccionan violentamente, contagiando a muchos países colindantes y algunos simplemente no saben reaccionar y aunque revelan unas ganas de cambio, terminan, ellos también, por anclarse en un sistema que ya poseían anteriormente y del que no se ven capaces de separarse.

Estos cambios, son, de algún modo, promovidos por sentimientos muy distintos. Para algunos la esperanza, para otros, el miedo.

Este último es un arma muy poderosa que algunos saben usar muy bien para su propio beneficio hasta el punto de conseguir resultados totalmente atroces. A lo largo de la Historia, hemos visto muchos casos: desde los faraones hasta Hitler por no nombrar una lista que rápidamente se alargaría…

Y con esto llegamos a resultados aberrantes como el escenario político actual: una Europa casi en su totalidad de derechas, una América del Sur inmersa en un período de cambio con bastante controversia, una América del Norte dividida con Canadá en una postura totalmente progresista mientras que su vecino opta por una política populista reaccionaria que aboga por el sentimiento inmediato sin tener demasiado (o nada) en cuenta las consecuencias.. Por otro lado el continente asiático nos deja perplejos ante un modelo que avanza sin miramientos tanto para los demás como para ellos mismos. China, Corea (del Norte),… sólo se plantean una evolución económica y/o militar positiva -aunque sólo para su propio beneficio- a cualquier precio. Y Oriente medio que busca su lugar en un mundo con el que no acaba de ponerse de acuerdo y con el que tiene una relación de poder/dependencia a causa de sus recursos naturales y su ideología (ya sea social, política o religiosa).

En este contexto -al que hemos llegado ineludiblemente debido a las acciones tomadas por la sociedad, pero a mi modo de ver, totalmente ecléctico por momentos, sólo puede ser causado por una indecisión impulsada por un miedo personal que se ha vuelto colectivo (al igual que la rebelión o la voluntad de cambio) en muchos ámbitos- las decisiones de aquellos que ostentan el poder van a decidir, en cierto modo, hasta qué punto vamos a extender nuestro miedo.

Y lo más alarmante es que la población mundial parece estar embobada (mucho me gusta esta palabra) observando con detenimiento qué le pasa al país vecino, sin enterarse de lo que pasa en su propio país o sin reaccionar con la suficiente determinación.

Sigamos chupándonos el dedo que nos irá cojonudo

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