De las pocas tardes que paso con mi abuelo, “El Vargas Original”,
Siempre me quedan anécdotas e historias que contar.
Acordóse de los tunos de Salamanca,
quienes renovando a Quevedo y Espronceda
a él le contaban versos entre canto y recital.
Y a la hora de la merienda,
mi abuelo me recitaba.
Pues para que vosotros, de mi risa podáis participar,
Os hago cómplices de las rimas que mi abuelo quiso contar.

“La boca que más perla ha creado,
echa el gargajo sucio y asqueroso,
y en la nariz del rostro más precioso
el moco negro y verde está encerrado.”

Luego me contó el favorito de la tarde:

“El chocho de la guapa y de la fea,
que a dos dedos del culo en donde mora
arroja inmunda sangre suda, y mea.
Si es este el placer que me enamora,
¡me cago en el amor y en la hermosura!”

Finalmente me recitó a Espronceda como quien tiene el libro bajo la mano:

“Las voces, las risas,
el juego y las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar;
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.

Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón”

Con 90 años y sigues dando ejemplo y sorprendiendo a todo aquél que te escuche.
Abuelo, Gracias.

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