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Esta situación de desesperación, de miedo, de incertidumbre, de inestabilidad social, es lo que finalmente desgasta a esta sociedad. No hay día en que no abra una red social o un periódico cualquiera y no me entere de lo mal que van las cosas o incluso de lo que algunas personas escriben sobre su situación o sobre lo que piensan del mundo que les rodea. Se quejan de la política, se quejan de la hipocresía que reina en estos días. Pero además se permiten el lujo de subir fotos y de criticar (quien más quien menos, con desatino) a determinados sectores de la sociedad que aunque tampoco vayan en el mejor de los caminos, por lo menos intentan provocar algún cambio. Las personas que lo hacen intentan hacernos sentir mejor, darnos opciones, abrirnos una ventana hacia donde antes nos encontrábamos un duro muro de ladrillo.

Y sin embargo nosotros nos empecinamos en hacer ver todo cuanto es negativo. Decimos que la economía está mal, que los políticos son unos corruptos y unos manipuladores, que las enfermedades y el clima están haciendo añicos nuestro planeta. No hay un día que se precie por tener una noticia fantásticamente buena, ni tan siquiera un poco. Nadie habla nunca de esas personas que están en la sombra intentando encontrar una vacuna para alguna enfermedad. Nadie habla de aquellos que ejercen el voluntariado para ayudar a aquellos que más lo necesitan. No. Nos obsesionamos con las tonterías de si fulanito del programa X en un canal Y le dijo a mengana que la quería porque sabe que si se la folla, gana el concurso. Y terminan haciendo un programa especial que un 50% de la sociedad ve en directo y quien no pudo lo hace al día siguiente por internet. En esta sociedad sin prioridades jerarquizadas convive el caos con el orden (pre)establecido por aquellos que tienen algún interés personal en que las cosas estén como están.

Algunos, muy pocos, dicen las cosas como son, sin pelos en la lengua y saben que habrá represalias. Pero no les importa porque saben que hacen lo correcto. Relatan lo que todos vemos con nuestros propios ojos pero que no nos atrevemos a decir en voz alta porque tenemos miedo. Y es que el miedo es una de las armas más poderosas para aquellos que saben usarla. Y no dudan en blandirla. No debemos sucumbir ante tal injusticia porque nadie que no sea uno mismo puede hacernos sentir miedo. Debemos permanecer atentos y evitar que nadie nos intimide.

Vivir nuestra vida teniendo siempre en cuenta el bienestar de los demás es lo que hará que marquemos una diferencia para con este tipo de personas. Porque lo que nos diferencia de ellos es que nosotros sí que nos interesamos por los demás. Cada uno a su manera, cada uno como puede, pero lo hacemos. Ellos sólo saben denigrar, robar, mentir y ocultar hechos mientras que nosotros podemos traer la luz y la verdad.

Sonreír por la calle cuando alguien nos mira. Decir gracias y por favor. Pagarle un café caliente a aquel que lo necesite porque desgraciadamente se encuentra en la calle. Hacer las cosas correctamente no es tan complicado. Y después de todo, vive tu vida feliz, ama a quien te ame, sonríe a la vida y disfrútala siempre que puedas viviendo cada momento como si el año que viene no estuvieras aquí. Porque no somos nada ni nadie en este universo, pero en nuestras vidas mundanas podemos conseguir grandes cambios siendo felices y estando en paz con nosotros mismos. Sed felices.

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