Etiquetas

, , , , , , , , ,

Este lunes, y en una cena con unos amigos en el Mesón Cervantes, por fin he degustado, la “morucha”.

Este bóvido, que es autóctono español y en concreto, de la provincia salmantina, posee el label (o etiqueta) de Indicación Geográfica Protegida de Carne de Morucha de Salamanca. En concreto, se trata de una carne muy sabrosa y apreciada que no se ha expandido en el territorio español a causa de su instinto un poco salvaje que lo hace poco apto para su cría en masa.

Pero a lo que realmente íbamos… Después de darle muchas vueltas a la carta, me decidí por el menú “Tierra de Sabor”, un menú que, como veréis, resultó ser en mi elección, exclusivamente cárnico.

Para abrir apetito empecé tomando una copa de Rioja Ramón Bilbao crianza 2010. Excelente vino que siempre acompaña perfectamente las carnes y más cuando se trata de carnes rojas.

– De primero, Carpaccio de Morucha con lascas de Queso Manchego Semicurado en Aceite de Oliva Virgen. Un plato que estaba muy bueno pero con un fallo monumental: le habían añadido sal. Aunque no me disgustó demasiado, porque le añadía un toque crujiente al plato, desvirtuaba enormemente el sabor propio de la carne. Una pena, sin sal hubiese sido perfecto.

– De segundo, Solomillo de Morucha con salsa Cabrales. Dos piezas, una más gorda que la otra, servidas con guarnición de patatas fritas y un Pimiento del Piquillo. Las piezas, de aspecto consistente, la más fina más pasada que la gorda, una pena, ya que de estar las dos rosadas hubiese sido un placer de principio a fin. Tiernas y sabrosas, en su punto de sal (no se notaba apenas), jugosas. En cuanto a la salsa estaba servida aparte, en un recipiente cerámico, lo cual es de agradecer, ya que así se puede elegir degustar la carne sola. Espesa, con la fuerza del sabor del queso asturiano, poseía una textura agradable y suave en el paladar.

De postre, dudé en coger mousse de limón (que otra persona cogió y más que mousse era yogur) o flan casero, pero decidí decantarme por un café solo.

El local, en el que aparte de comidas también se puede ir de tapeo,  posee una decoración particular con antiguedades colgadas por todas las paredes y algunos cuadros de la ciudad. El salón, con vistas a la Plaza Mayor, ofrece un panorama muy agradable para mientras se degustan los manjares salmantinos.

El precio, acorde con la calidad de los productos, es un precio medio, medio-alto.
La atención cordial, que no amable, pero con una diligencia digna de un restaurante de gama media-alta. En general todo está en consonancia.

Anuncios