Tomaros 7 min de vuestras vidas, relajaros. Escuchad dos o tres minutos de la canción y luego comenzad a leer. De fondo, la música del inspirador Franz Liszt a quien descubrí el año pasado en el Paraninfo de la facultad de Historia de Santiago de Compostela. Por texto, mi última creación.

ahora si habéis escuchado los dos primeros minutos:

¡._ _ .. . ._ .. ._  _ . _  .!

O lo que en lenguaje normal significa, ¡Adelante! (ya que para el que no lo sepa, los puntos y guiones de arriba, son lenguaje morse)

De qué sirve ser lo mejor posible, si la sociedad no te devuelve ni la mitad del esfuerzo que dedicaste, de qué sirve si en quienes confías no te muestran su gratitud por ello.

Por eso nos quejamos, siempre, un día tras otro, en silencio, para no parecer cansinos a los ojos de quienes no se merecen nuestra amistad. Y sin embargo, los necesitamos, es imperativo tenerlos cerca ya que sin ellos no podríamos tener una vida “normal”. Hipócritas. Aunque nosotros mismos también lo somos. Quien diga lo contrario, está mintiendo. Quien piense lo contrario, es peor aún, porque no lo expresa a los demás.

Y así avanzamos. Con mentiras. Con mentirosos. Nosotros mismos mentimos, y el que no miente nunca es tonto, porque la sociedad acabará con él, aprovechándose de su extrema franqueza.

Y pienso que en un principio, todos somos unos ilusos, todos pensamos que los demás quieren lo mejor para nosotros hasta que vivimos en nuestro pellejo lo que de verdad es el dolor, la decepción, el engaño. Algunos optan por volverse ellos mismos unos maleantes y unos mentirosos empedernidos. A algunos les va bien, algunos consiguen sus objetivos engañando a los demás. Se convierten en políticos, embaucadores, estafadores, viles amantes que no hacen otra cosa que defraudar a los que en ellos confían. Consiguen lo que ellos quieren por encima de los sueños de los demás. Defraudando. Decepcionando.

Y así avanzamos. Con mentiras. Con mentirosos. Nosotros mismos mentimos, y el que no miente nunca es tonto, porque la sociedad acabará con él, aprovechándose de su extrema franqueza.

Por eso debemos alzarnos, las buenas personas, contra aquellos que piensan que por ser más osados que el resto, tienen el poder de hacer daño, el poder de aprovecharse de nosotros. No debemos preocuparnos por ellos, ya no. Ahora debemos ir en contra de aquello que a ellos más les es preciado, su felicidad. Y no os engañéis, su felicidad no sólo es el dinero, es el poder, su seguridad, su familia, el cariño de sus parejas, … No podemos permitir que sus sonrisas se forjen con nuestros sueños, aplastándolos como una bota pisa el barro blando de una tierra arada después de la lluvia. Allá donde más les duela estaremos nosotros, despojándoles de sus bienes y dándoles donde más les duela. Levantémonos y dejemos de compadecernos. No hemos sido culpables de la situación actual, pero tampoco debemos desvincularnos de ella porque en ella vivimos. Tenemos que actuar y para eso debemos hacerlo todos juntos. Apartarlos de nuestra vida, olvidarlos como las hojas del calendario que pasan y que ya no volvemos a mirar. Porque no se merecen otra cosa que quedarse en el pasado. Algo efímero que reemplazaremos por una nueva situación, económica, social y personal. Porque si otros lo han hecho ¿porqué no nosotros?  Tenemos el poder de hacerlo, pero nos falta voluntad, sangre en las venas, la misma sangre que corre cuando nos agreden por defender nuestros derechos, la misma sangre que da la vida a las generaciones venideras. Pensadlo, pero no tardéis, o no habrá nada más ya que salvar. Pensadlo, y veréis que la solución es simple. Todos, al unísono podemos conseguirlo, con unión. Con entereza. Con convicción.

Y así avanzamos, juntos, hacia un mundo mejor, sin mentiras, sin mentirosos.

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